CHIHUAHUA.- Los caminos reales fueron las rutas principales de transporte para la comunicación, el cambio cultural y el comercio. El Camino Real de Tierra Adentro encauzó la fundación de centros mineros, agrícolas y ganaderos, que hoy son importantes ciudades del norte de la República Mexicana y el sur de los Estados Unidos.

La fundación de Chihuahua capital no hubiera sido posible sin la presencia del Camino Real, el sentido histórico y la identidad cultural y religiosa son resultado de esta ruta.

A partir del siglo XVI en el camino que unía la capital de la Nueva España con el norte del país, se fundaron muchos pueblos, reales mineros, misiones y presidios.

Camino Real de Tierra Adentro

Durante los siglos XVII y XVIII se abastecieron las misiones españolas del Camino Real; con la fundación de Albuquerque y Chihuahua, en 1706 y 1709 respectivamente, el camino se volvió una ruta de gran importancia de comercio y abastecimiento en toda la región del norte. La ruta generó al mismo tiempo un vasto legado patrimonial en ambos lados de la frontera política actual.

 

La Nueva Vizcaya

Durante casi 250 años, el territorio que comprende el actual Estado de Chihuahua formó, junto con el de Durango, la llamada provincia de la Nueva Vizcaya. La colonización de este vasto territorio abarcaba las elevadas y boscosas cumbres de la Sierra Madre Occidental, las amplias llanuras cubiertas de pastizales y la región central, así como las semidesérticas comarcas orientales.

Desde las minas de Santa Bárbara, descubierta en 1567, y la rica zona agrícola del valle fluvial de San Bartolomé, hoy Valle de Allende, salieron las expediciones rumbo al mítico Nuevo México. Siguiendo los causes de los ríos Florido y Conchos.

Esta expansión colonizadora llego hasta el río Grande del Norte, el cual atravesó para adentrarse en las tierras que llegarían a ser la frontera novohispana más septentrional.

Esta vía fue la arteria por la cual circularon las mercancías, el oro y la plata, los bastimentos, las herramientas en un incesante tráfico, que impulsó la economía de las regiones que atravesaba. Junto al comercio, sobre las recuas de mulas y los pesados carromatos, también viajaron, hombres e ideas, a cuyo paso y mezcla mucho se debe lo que hoy es México Septentrional.

El comienzo de nuevos asentamientos

A su vera, colonos, soldados y misioneros fundaron sistemas de ocupación territorial como: presidios, haciendas y reales de minas que más adelante se convertirían en florecientes poblaciones. Algunas desaparecieron junto con la plata y el oro que las hicieron nacer, otras se convirtieron en modernas urbes.

A lo largo de todo el estado permanecen en pie numerosas misiones franciscanas y jesuitas, donde los frailes se ocuparon de la evangelización de los diversos grupos indígenas que ocupaban estas tierras y cuyos nombres (janos, conchos, mansos, julimes, sumas, tapacolmes), son sólo hoy un eco, al igual que el de los aguerridos apaches y comanches, que desafiaron el dominio español y mexicano.

A lo largo de este camino y durante más de 300 años se fueron intercambiando elementos culturales de una población a otra, como el lenguaje, la medicina, música, sistemas de irrigación, conceptos y tecnologías.

Chihuahua y su ruta:

En el actual Estado de Chihuahua, encontramos 13 localidades que preservan el patrimonio cultural y natural, considerado especialmente valioso para la humanidad. Las localidades de mayor importancia dentro de la ruta del Camino Real en el Estado son:

Santa Bárbara, Hidalgo del Parral, Valle de Allende, Coronado, Jiménez, Camargo, San Francisco de Conchos, La Cruz, Rosales, Santa Eulalia, Chihuahua, El Carrizal y Ciudad Juárez.

Santa Bárbara

Los orígenes del primer asentamiento de Santa Bárbara, datan de 1564, cuando se descubrieron sus primeras vetas, pero es hasta 1567 cuando se registraba su fundación como Real de Minas de Santa Bárbara. Es considerado el primer asentamiento español en el actual territorio de Chihuahua y durante algún tiempo fue el bastión más alejado hacia el norte de la Nueva España.

La relevancia de esta población dentro del Camino Real de Tierra Adentro es que se convirtió en base estratégica para las expediciones consecutivas a tierras más septentrionales. En Santa Bárbara se encuentra un punto considerado como bien de patrimonio cultural; se trata de la Parroquia de Santa Bárbara,

 Hidalgo del Parral

La época de auge minero convirtió a Parral en uno de los puntos más transitados dentro del Camino Real. Los metales de sus minas y los que confluían en él de las minas de Santa Bárbara y de San Francisco del Oro, eran transportados mediante las llamadas “conductas”, que regresaban cargadas de mercaderías, en un constante tráfico de diversas mercancías, personas e insumos para le explotación minera como el mercurio y azogue, indispensables en el proceso de separación de los metales. Razón por la cual se le conoció a Parral como “La Capital del Mundo de la Plata”.

En Parral se encuentran varios puntos considerados como bienes de patrimonio cultural, entre los cuales destacan: Mina La Prieta, Templo del Rayo, Parroquia de San José, Templo San Nicolás de la Joya y Templo San Juan de Dios.

Valle de Allende

El Valle de San Bartolomé, hoy Valle de Allende fue uno de los puntos más importantes del Camino Real de Tierra Adentro, el cual se extendía de Santa Bárbara a Atotonilco (hoy Villa de López, cerca de Jiménez) sobre una distancia de 9 leguas. De acuerdo con Gerhard, la jurisdicción o extensión territorial de Valle de San Bartolomé estaba conformada en sus inicios por el área de la misión de San Francisco de Conchos (hasta 1687 cuando se funda el presidio) y también la zona de Guajuquilla (hoy municipio de Jiménez), separada posteriormente del Valle.

En 1574 los frailes franciscanos establecieron un convento; después de Santa Bárbara es considerado, el segundo enclave español más antiguo en lo que sería el Estado de Chihuahua.

La región fue una rica comarca agrícola y pecuaria que abastecía a los centros mineros vecinos; debido a su importancia en el comercio, durante diciembre de cada año se celebraba una tradicional feria comercial de toda la región.

En Valle de Allende se encuentran varios puntos considerados como bienes de patrimonio cultural, entre los cuales destacan: La Calle Principal, Sistema de Acequias, Casa Urquidi, Templo de San Bartolomé, Santuario de Guadalupe, Aduana Nacional, Hacienda la Concepción y los Portales.

Coronado

Una vez que arribaron a Chihuahua, los viajeros que se dirigían hacia el norte por el Camino Real, llegaban a la Hacienda de Guadalupe de Bagües una de las más importantes y pobladas del sur del Estado, fundada a finales del siglo XVIII por Ramiro de Bagües y Marco.

De esta propiedad solo quedan restos de la casona original y el panteón, donde se encuentra una curiosa estructura piramidal que se utilizaba como osario.

Siguiendo su camino los viajeros llegaban a la Hacienda de San Francisco Xavier del Río Florido, origen de la actual población de Villa Coronado, bautizada así en honor del general Esteban Coronado.

Esta hacienda fue fundada en 1723 por don Domingo de Jugo y su esposa doña Manuela Orrantia. Se conserva una notable iglesia, con una interesante arquería. Esta hacienda junto con la vecina de la Concepción, ambas estaban situadas estratégicamente junto a los mejores vados usados para atravesar el Río Florido.

En la región cercana se encuentra la Sierra de Peñoles, de impresionante belleza natural, donde existen testimonios de cultura prehispánica, tales como pinturas rupestres y grabados en muros de piedra.

En Coronado se encuentran varios puntos considerado como bienes de patrimonio cultural entre los que destacan: Hacienda de San Francisco Javier del Río Florido, Hacienda de Guadalupe de Bagües y Mesón de María.

Jiménez

En 1643 el Capitán Diego Zubía, se encuentra con un ojo de agua y fértiles tierras al margen del Río Florido, el capitán denuncia las tierras y construye la Hacienda de Nuestra Señora de los Dolores de Guejoquilla y al manantial lo nombra Ojo de Dolores, o Ciénega de Santiago.

Esta hacienda tuvo que abandonarla a los tres años, por el ataque constante de indios Tobosos. En 1650 el Capitán Andrés Bellos Montes de Oca, la repobló sin embargo continuó el constante ataque de los indios apaches, comanches y tobosos.

En respuesta a la gran actividad y resistencia de los grupos indios el virrey de la Nueva España, Conde de Revillagigedo, le encomienda al capitán Bernardo Antonio de Bustamante y Tagle que era un veterano de la guerra contra los apaches en Texas y Nuevo México, y quien había tenido a su cargo el Presidio del Paso del Norte la erección de un presidio que sirviera de bastión frente a los constantes ataques indígenas y como un nuevo centro de población.

El capitán Bustamante y Tagle, después de hacer la medidas a las cuatro leguas en cuadro, levantó el acta de la fundación del presidio de Nuestra Señora de las Caldas de Guejoquilla en enero de 1752, en el Valle de Guejoquilla a orillas del Río Florido, presidio idéntico al de Paso del Norte y que fue el origen de la actual población de Jiménez.

Pedro Tamarón y Romeral en su Demostración del vastísimo Obispado de Nueva Vizcaya relata: “El presidio de Nuestra Señora de las Caldas de Guejoquilla dista de cinco leguas al oriente de Atotonilco y quince de San Bartolomé, inmediato al Río Florido.

Se resumieron en este presidio de Guejoquilla los cinco que se quitaron el año de cincuenta y uno, que fueron los de Mapimí, Gallo, Cerro Gordo, y el Valle de Conchos”. Así que durante los años subsecuentes la parada y el resguardo en este presidio eran imprescindibles en los recorridos por el Camino Real.

El establecimiento del presidio de Guejoquilla fue clave para extender la colonización en el río Florido y proteger a las haciendas. Desgraciadamente, este presidio desapareció. En Jiménez se encuentran tres puntos considerados como bienes de patrimonio cultural: Capilla Hacienda de Dolores de Guajoquilla, Templo Santo Cristo de Burgos y Templo de San Isidro.

Camargo

En 1687 Don Francisco de Escárcega hace el denuncio e intenta establecerse en tierras cerca del río Conchos, sin embargo, el constante acecho de apaches ocasionó el abandono del lugar. Entre 1730 y 1736 el Capitán Vitalicio del Real Presidio de San Francisco de Conchos, don Joseph de Berrotarán, en ese tiempo dueño de la Hacienda de San Antonio de La Enramada, había trasladado algunos indígenas para que le trabajaran en su hacienda, éstos eran custodiados por soldados del presidio, al desaparecer el mismo, los indígenas abandonan las tierras de labor.

Algunas décadas más tarde, por orden del Comandante de las Provincias Internas Pedro de Nava, en 1797 el capitán Manuel de Ochoa funda Santa Rosalía con 28 vecinos provenientes del presidio de San Francisco de Conchos esta población establecida en las márgenes de los ríos Conchos y Florido, disponía de tierras fértiles que ocasionaron con el tiempo, la llegada de mas pobladores; este crecimiento para 1840 desembocó (entre otras cosas) en su establecimiento como la villa de Santa Rosalía.

Una de sus actividades predominantes fue el cultivo de algodón. Debido al crecimiento del poblado, se convirtió en imperativo la construcción de una iglesia que cumpliera con las exigencias de los vecinos, de esta manera se construye el templo de Santa Rosalía.

En Camargo se encuentran dos puntos considerados como bienes de patrimonio cultural: Templo de Santa Rosalía, Capilla San Antonio de Padua de la hacienda San Antonio de la Enramada.

San Francisco de Conchos

San Francisco de Conchos fue uno de los asentamientos más importantes en la ruta del Camino Real hacia el Nuevo México. Ubicado en una posición estratégica sobre el camino hacia el norte, además de su importancia militar, fue una rica región agrícola.

De las construcciones que apoyaban estas actividades, subsiste un tramo de acueducto llamado el Calicante, así como las piedras del molino que se movían en base al agua de Barroterán, utilizado por las haciendas cercanas para la molienda de su grano.

En San Francisco de Conchos se encuentran dos puntos considerados como bienes de patrimonio cultural: Misión de San Francisco de Conchos y Acueducto. La relevancia del sitio dentro del Camino Real de Tierra Adentro se encuentra en que San Francisco de Conchos, es uno de los primeros pueblos de misión controlado por franciscanos en el actual estado de Chihuahua.

La integridad en el diseño y materiales, el buen estado de conservación de los inmuebles, la riqueza en obras y muebles que contiene el templo, así como su relevancia histórica, confirman su valor en cuestiones de autenticidad e integridad.

La Cruz

Una vez que se atravesaba la rica región agrícola del Valle de San Bartolomé, el Camino Real se desviaba hacia el este, siguiendo las riberas del Río Conchos. La ruta llevaba a la Hacienda de las Garzas, fundada por José María de la Peña, en los terrenos del llamado Ancón de las Garzas, situado a orillas del arroyo del mismo nombre. Es en esta hacienda donde nació el destacado liberal chihuahuense Manuel Ojinaga; en la actualidad únicamente quedan ruinas de la casa grande con sus portales y torreones.

En la Cruz se encuentran dos puntos considerados como bienes de patrimonio cultural: Templo de Nuestra Señora del Refugio y Tramo original Camino Real.

Rosales

Después de atravesar la región de Santa Rosalía de Camargo y la Cruz, el Camino Real llegaba a Santa Cruz de Tapacolmes, la cual fue fundada como un pueblo de misión por frailes franciscanos en 1714, en terrenos cedidos por el sargento mayor Juan Antonio Trasviña y Retes; con anterioridad este sitio ya formaba parte de la visita de la Misión de San Pedro de Conchos, establecida en 1649, la cual fue uno de los puestos franciscanos más importante hacia el norte del Valle de San Bartolomé.

En Rosales se encuentran varios puntos considerado como bienes de patrimonio cultural entre los que destacan: Acueducto, Casa Juárez, Hacienda de Bachimba, Misión de San Pedro de Conchos.

Santa Eulalia

En 1652, el capitán Diego del Castillo hace el denuncio de una mina de plata. Después de algún tiempo hubo problemas administrativos y abandonaron la explotación de la misma. A lo largo de años se realizaron varios denuncios, hasta febrero de 1707 Nicolás Cortés de Monroy, hace el denuncio de una mina que llamó Nuestra Señora de la Soledad, depósito argentífero que dio origen al establecimiento del Real de Minas de Santa Eulalia de Mérida.

Inmediatamente vecinos de los pueblos mineros de Parral y Cusihuiriachi se trasladaron a este lugar. El capitán del presidio de San Francisco de Conchos Juan Fernández de Retana fue el primer alcalde mayor de Santa Eulalia.

La riqueza en plata de este lugar lo convirtió en un importante centro minero y comercial. Sin embargo, la estabilidad económica de la localidad también dependía de productos agrícolas y ganaderos por lo que a lo largo de su llanura se establecieron labores y estancias como Tabalaopa, el Sauz y Encinillas.

El auge comercial de Santa Eulalia, donde llegaban diversos productos a través del Camino Real, transformó las actividades de este pueblo que además de dedicarse a la extracción y beneficio del mineral, se dedicó al comercio a gran escala y a la arriería.

Posteriormente, algunos pobladores de este real de minas deseaban establecer la cabecera donde hubiera más cercanía a recursos naturales necesarios para vivir, el alcalde mayor Fernández de Retana aceptó que se fundara la cabecera entre los ríos Sacramento y Chuvíscar, desgraciadamente muere antes de hacerlo.

El gobernador y capitán de la Nueva Vizcaya Don Antonio Deza y Ulloa después de hacer un recorrido por la zona y entrevistar a los vecinos quienes estaban en constante conflicto para elegir el lugar de la cabecera, el 12 de octubre de 1709 funda San Francisco de Cuellar entre los ríos Sacramento y Chuvíscar.

El crecimiento y desarrollo de San Francisco de Cuellar no puede entenderse sin el surgimiento e influencia del auge económico de Santa Eulalia. Menciona Hadley Philip: “Las minas de Santa Eulalia pasaron por su periodo de mayor productividad durante los primeros treinta y cuatro años de su historia, de 1703 a 1737, cuando produjeron mineral valuado en unos sesenta millones de pesos, o sea una cuarta parte de toda la plata producida en el virreinato”.

En Santa Eulalia se encuentra un punto considerado como bien de patrimonio cultural: Templo de Santa Eulalia;

Chihuahua

Una vez consolidada la colonización de la región centro–sur del estado, la corona española continuó su expansión hacia el norte delineándose la ruta de lo que más adelante se convertiría en el Camino Real de Tierra Adentro, para adentrarse en las lejanas tierras del Nuevo México. Ubicada estratégicamente en la porción media de esta ruta se encontraba la Villa de Chihuahua, donde los viajeros descansaban y tomaban fuerzas antes de continuar su jornada hacia el Paso del Norte y de ahí a la Villa de Santa Fe.

En Chihuahua se encuentran varios puntos considerados como bienes de patrimonio cultural, entre los cuales destacan: Templo de San Francisco, Catedral, Acueducto, Casa Juárez, Hacienda Quinta Carolina, Hacienda el Sauz, La Cueva de las Monas

El Carrizal

Región antiguamente habitada por grupos indígenas sumas, el poblado del Carrizal se originó como hacienda en 1740, establecida por Mateo de la Peña, quien debido a los constantes ataques de los apaches, la aridez del terreno y la escasez en su producción agrícola y ganadera abandonó la Hacienda de Los Dolores.

A principios de 1758 don Mateo Antonio de Mendoza, Gobernador y Capitán General de Chihuahua, le encomienda a don Manuel Antonio San Juan Santa Cruz, Capitán de Justicia Mayor del Real Presidio de El Paso del Río del Norte, que convenza a familias de este lugar que vayan a repoblar El Carrizal, en ese mismo año llegaron cincuenta familias de soldados y civiles de bastiones septentrionales como El Paso del Norte y San Eleazario.

En 1758 el gobernador Mateo Antonio de Mendoza ordenó en ese lugar el establecimiento del Presidio Militar de San Fernando de las Amarillas del Carrizal con la intención de consolidar la presencia española en esa zona, así como resguardar las mercancías y a los españoles del ataque apache. El desarrollo del pueblo se caracterizó por su actividad ganadera.

En el Carrizal se encuentra un punto considerado como bien de patrimonio cultural: Templo de San Fernando.

 

Ciudad Juárez

Una vez superadas las arenosas dunas de Samalayuca, los viajeros que se dirigían hacia el norte, llegaban a la Villa de Nuestra Señora del Pilar del Paso del Río del Norte, punto de entrada, tras cruzar el Río Grande del Norte para llegar al Nuevo México. La villa surgió a partir de la misión franciscana fundada en 1659 por Fray García de San Francisco. Luego de la terrible rebelión de los indios pueblo, se estableció allí un presidio en 1683.

En Ciudad Juárez se encuentra un punto considerado como bien de patrimonio cultural: Misión de Guadalupe de Paso del Norte.

La relevancia del sitio dentro del Camino Real de Tierra Adentro radica en su establecimiento como pueblo de misión y punto estratégico en las riberas del río Grande (Bravo) para la consolidación de la colonización española y su estrecha relación con la provincia de Nuevo México.