Por Luis Fernando González Guzmán
El jueves 19 de marzo pasado dejó de existir, a los 55 años, un camarguense polémico y generador profesional de reacciones. Todo indica que una afección pulmonar que hizo crisis fue la causa del sorpresivo fallecimiento del Licenciado Miguel Ángel Niño Carrillo.
Miguel regresó a su tierra hace más de dos décadas, procedente del entonces Distrito Federal, donde estudió Física en la UNAM, se especializó en tallado de cristales para telescopios y colaboró con algunos funcionarios en la Cámara de Diputados. Su retorno a Camargo marcó el inicio de una etapa intensa, ruidosa y profundamente disruptiva.
Lo conocí cuando el CBTIS 143 convocó a una rueda de prensa para anunciar la donación de un par de telescopios. A partir de ese día, Miguel se convirtió en un personaje protagónico. Su pasión por la física y la astronomía convivió de inmediato con su incursión en la política, donde caminó siempre por los senderos de la disidencia, irrumpiendo —sin pedir permiso— en las esferas del statu quo del PRI y del PAN tradicional en Camargo.
Miguel entendía como pocos el pensamiento profundo del político y, sobre todo, sabía apuntar a las pasiones más bajas de quienes confrontó. Desde un perfil de izquierda, logró incomodar y sofocar a los gobiernos priistas y panistas con los que convivió. Su activismo, sin embargo, reveló su verdadera naturaleza cuando, tras apoyar desde el inicio a Andrés Manuel López Obrador y convertirse en su seguidor más ferviente en la región —al grado de ostentarse como el primer presidente del comité municipal de MORENA—, terminó siendo uno de sus más ácidos detractores apenas días después del triunfo del tabasqueño en 2018. En ese momento quedó claro que el negocio de Miguel Ángel Niño Carrillo era la confrontación y el conflicto.
Durante su estancia en Camargo impulsó dos proyectos relevantes. El primero fue el llamado Observatorio Astronómico, en un cerro plano del rancho El Molino, en San Francisco de Conchos. La primera de cinco etapas se construyó, pero fue el propio Miguel quien terminó por impedir que el proyecto avanzara. Lo realizado le sirvió como plataforma para difundir la idea de que había sido abandonado y que continuaría “su lucha” por concretarlo.
El segundo proyecto fue la creación del último asentamiento irregular en Camargo: una colonia al oeste de la ciudad, en medio de cerros, sin servicios y de urbanización compleja. Coordinado con el propietario de los terrenos, Miguel formó un comité vecinal que terminó por poner su nombre a la nueva colonia. Con ello, el Licenciado Niño Carrillo demostró que no era distinto a los políticos a quienes criticó y enfrentó con vehemencia en las calles.
En los últimos años cursó la carrera de Derecho en una universidad local y ejerció con naturalidad en el terreno del conflicto jurídico, dentro del despacho del veterano abogado que le confió los terrenos donde hoy se asienta la colonia “Miguel Ángel Niño Carrillo”.
No creo que vayan a existir muchas manifestaciones o reseñas como esta sobre Miguel. Ser cercano al Licenciado Niño nunca fue “cool”. Tampoco creo que vaya a ser recordado por mucho tiempo. Pero es innegable que fue un dolor de cabeza para el profundo conservadurismo de Camargo y la región —uno de los más arraigados del país—. En teoría, Miguel defendía la “medianía republicana” y la “no corrupción”, pero en la práctica fue más un hábil manejador de la naturaleza humana que un hombre de convicciones políticas o éticas.
Lo que no se le puede escatimar es que se convirtió en un personaje famoso, muy famoso, en Camargo.
PD.-Quien esto escribe recibió a Miguel a su llegada a Camargo y vivió toda clase de momentos relacionados con él: desde el proceso de conocimiento mutuo, pasando por confrontaciones que alcanzaron incluso el roce físico, hasta llegar a un entendimiento pragmático y maduro en los últimos años.
Lamento con sinceridad su fallecimiento.










