CAMARGO.- ¿Qué pasaría si el sistema conservador dejara de inyectar esfuerzos en sostener el fenómeno de las catrinas?, un fenómeno que nació como la mas pura forma de discriminación, clasismo, racismo y misoginia, pues el objetivo en la época de su nacimiento eran solo mujeres y no hombres.
El sistema conservador, sabedor de la alergia del mexicano por la lectura, se regodea en sus laureles, pues el mexicano promedio no investiga, solo repite lo que escucha de otras personas con su respectiva sobredosis editorial.

Imagine usted, criticar a las mujeres rarámuris de nuestra época, por usar pantalón de mezclilla, leggins, cabello teñido, teléfonos celulares de alta gama, shorts de licra, ceja estilizada, maquillaje, etcétera y ponerles un apodo como “las indias tuneadas” y que luego venga alguien con una dosis de pragmatismo a re apodarlas “las tunas” y luego hacer una caricatura de ellas y que esa caricatura trascienda, hasta usarla como emblema del día de muertos y hacer concursos de “tunas”.
Le toca a usted, tomarse la molestia de estudiar a fondo con una media hora de lectura, la vergonzosa historia de lo que hoy conocemos como catrinas, nacidas de la crítica hacia las mujeres indígenas, que querían aparentar ser de clase europea, que querían subir de clase, pero que, a la vista de alguien muy tenebroso, eso no estaba bien.

Y usted se preguntará, ¿por qué estoy viendo imágenes que no corresponden ni a las catrinas ni a las rarámuris?, porque, por otro lado, un fenómeno que no necesita que se le inyecten recursos, ni publicidad, ni esfuerzo del sistema, es Halloween, y que el mismo sistema tanto educativo, religioso y mediático se ha encargado de mancharlo como una celebración malévola, fuera del alcance de Dios, violando flagrantemente el octavo mandamiento…no mentirás.
La narrativa de la malignidad de Halloween, se cae a pedazos cuando investigamos la raíz del significado de esta palabra y nos encontramos que significa víspera de todos los santos, así como también se cae a pedazos la narrativa de que Halloween, se celebra cada vez menos, pues las redes sociales han potenciado su celebración, y vemos como los estudiantes hasta de nivel universitario, son técnicamente obligados a entrar en concursos de catrinas y catrines, mientras que ellos mismos por voluntad propia, solo esperan la llegada de la noche de Halloween, para ponerse su disfraz más tenebroso y compartir con sus iguales en una fiesta donde el terror solo se da por no saber bailar.

Pero bueno, la disonancia cognitiva en torno al tema seguirá latiendo, pues otra característica típica del mexicano promedio, es no rectificar y dar su justa dimensión y lugar a las cosas como deben de ser, es decir, la dialéctica le pasa de noche.
Oh, justicia divina, miles de niños en Camargo, salieron la noche de Halloween en compañía de sus padres a pedir dulces y regresaron a sus casas bastante surtidos, como para llenar una piñata en las próximas posadas.
Imágenes, edición y redacción
Andrés Sauceda






