POR/ LUIS FERNANDO GONZÁLEZ GUZMÁN
PARO NACIONAL DE GRAN CALADO.-El anuncio de agricultores y transportistas de detener actividades a partir del lunes próximo no es una protesta más en el calendario social. Se trata de una movilización de alcance nacional que amenaza con paralizar carreteras, aduanas y corredores logísticos en al menos 25 estados. La magnitud del paro obliga a reflexionar sobre lo que está en juego: la soberanía alimentaria y la estabilidad económica del país.
- El campo exige un precio justo para el maíz y otros granos básicos, con un piso de 6 mil pesos por tonelada.
- Los transportistas reclaman seguridad en las rutas, cansados de robos y extorsiones.
- Ambos sectores denuncian la falta de diálogo efectivo con el gobierno federal.
QUIÉNES LA PROMUEVEN.-La alianza entre productores y operadores de carga es estratégica: sin transporte no hay distribución de alimentos, y sin producción agrícola no hay qué transportar. Esta interdependencia convierte la protesta en un acto de presión de gran alcance.
Magnitud de la movilización:
- Fecha: lunes 24 de noviembre.
- Cobertura: bloqueos en carreteras federales y autopistas de al menos 25 estados.
- Acciones: cierre de aduanas, paralización del transporte de carga, interrupción de corredores logísticos.
- Participación estimada: cientos de miles de agricultores y miles de operadores de transporte.
REPERCUSIONES.-
- Económicas: riesgo de desabasto y encarecimiento de productos básicos.
- Políticas: evidencia de la distancia entre autoridades y sectores productivos.
- Sociales: mensaje contundente de quienes sostienen la economía desde la tierra y las carreteras.
Más allá de la protesta, lo que se pone sobre la mesa es la necesidad de políticas públicas que reconozcan el valor de quienes alimentan y movilizan al país. La magnitud del paro nacional es una advertencia sobre el deterioro estructural del campo y del transporte en México.
EN RESUMEN.-El lunes próximo será un día de prueba para el país. La movilización no debe leerse como un desafío aislado, sino como un síntoma de la urgencia de replantear el modelo de desarrollo. El campo y el transporte no piden privilegios: reclaman dignidad, seguridad y reglas claras. Ignorar su voz sería profundizar la fractura entre quienes producen y quienes gobiernan.





