A DOS AÑOS DE LA “GUERRA” POR EL AGUA. -Luego de dos años de tensión, en medio de una gravísima sequía y el foco de alerta encendido de manera permanente, hoy se cumplen dos años de la internacionalmente famosa “guerra por la defensa del agua”. La imagen de Jessica Estrella Silva Zamarripa, acribillada durante el histórico disturbio, queda como estandarte de un momento de confusión social y político. A 730 días de aquel trágico desorden social provocado por una obstinación gubernamental de tomar control del factor agua, elemento en el que se sustenta la vida de una de las cuencas agro productoras más importantes del país, aún flota en el ambiente la incertidumbre. Si bien, retornó la paz y los miles de manifestantes pudieron retornar al trabajo, los acuerdos de fondo, aún no llegan.
EL ENTORNO ES OTRO. -Lo que ocurre hoy en día en el Estado Grande, ilustra claramente el espíritu y carácter del chihuahuense prototipo. Apenas hace tres semanas nos estábamos quemando por tres años de sequía. Las lluvias nos abandonaron drásticamente, las cosechas fueron de mala calidad, el granizo nos mermó la mitad de la producción y la ganadería y la lechería casi desaparecen. En contraste, el día de hoy, nos estamos ahogando. Las inundaciones provocan un nuevo desastre, pero a la inversa. Es precisamente esto, lo que la federación no quiso entender en aquel tiempo. La raza de acá estamos acostumbrados a enfrentar con determinación las inclemencias del desierto. Aquí se nace con el chip de la supervivencia y para nosotros no existe la silla del confort. Defender el agua, como se hizo aquel 8 de septiembre del 2020, fue la reacción natural de un pueblo “acostumbrado a la chinga” y que bajo ninguna circunstancia permite que se le arrebate lo que le pertenece, máxime cuando en ello le va el bienestar de la familia.
“NI VALIENTES NI TEMERARIOS…SIMPLEMENTE ASÍ SOMOS”. -Tal vez para alguna mesa gubernamental desde el centro de la república, se considere a Chihuahua como un estado de intransigentes y valentones. De ninguna manera. La realidad de las cosas es que “así somos”. La naturaleza nos forma un carácter, que, de no tenerlo, arrasaría con las personas. Ni mejores ni peores que en el centro y sur de la república, simple y llanamente, los norteños somos diferentes y normados por el factor común de todo el territorio nacional, el clima. Para conocer a los pobladores de cualquier lugar, analiza el comportamiento climático. Ayer secos, hoy inundados. En verano, guisamos un huevo en el toldo del vehículo y en invierno nos congelamos. En un momento, un ganadero tiene varios cientos y hasta miles de cabezas y el siguiente día tiene que vender todo porque se le mueren de sed y hambre. Hoy, el agricultor vacía la cuenta bancaria para preparar las siembras y mañana, una granizada o alguna helada sorpresiva, lo deja en la calle, por solo mencionar algunas de las complicaciones de vivir en esta hermosa y agreste zona del país.
ENTONCES. -Protestar, comprometiendo hasta la vida, es algo natural para Chihuahua. Aquí, como dice José Alfredo Jiménez, realmente, la vida no vale nada cuando alguien pretende quitarnos el endeble sustento. En resumen, e insisto, sin pretender una imagen de “muy chingones”, en el asunto del agua, quien toma las decisiones debe redireccionar las estrategias. En eso que entiendes la parte de los denominados “bárbaros del norte”, el equilibrio viene con el reverso de la moneda. De igual manera, la raza de Chihuahua somos también solidarios, amigables, generosos, proactivos e igualmente duros también con los nuestros que pretendan pasarse de lanzas. Al final del día, mexicanos que honramos nuestra identidad y que, por las buenas, nos quitamos hasta esa camisa a cuadros y las botas que tanto fueron criticadas. Empatar con Chihuahua, es cuestión de entender a Chihuahua. Pero pelear contra Chihuahua, es aventarse un buen tiro…está más que demostrado.





