RETÉN IGUAL A CORRUPCIÓN.- La sola palabra, reten, provoca un gesto de molestia en buena parte de la población. No es casualidad. Durante años, estos puntos de revisión han sido asociados con prácticas de corrupción, demoras injustificadas y un trato discrecional que erosiona la confianza ciudadana. En el imaginario colectivo, un retén no representa seguridad, sino riesgo de abuso. En las últimas horas, habitantes de La Cruz han denunciado la instalación de retenes por parte de la fiscalía general de la República. La reacción inmediata no fue tranquilidad, sino inquietud.
MISMA PERCEPCIÓN CON EL DESPLIEGUE PARA CUIDAR LA NUEZ.-Algo similar ocurre en Camargo, donde el sector nogalero ha manifestado su inconformidad ante los retenes de la Policía Estatal y el cúmulo de papeleo exigido para trasladar la cosecha hacia las bodegas. Para quienes viven de la producción, cada minuto detenido en carretera significa pérdida, incertidumbre y la sensación de estar bajo sospecha permanente.
DE DÓNDE VIENE LA DESCONFIANZA.-La raíz del problema no está en la existencia de los retenes en sí, sino en la forma en que históricamente se han aplicado. Cuando un mecanismo gubernamental se percibe como herramienta de recaudación informal, como obstáculo o como espacio para el cohecho, pierde toda legitimidad. Y cuando la autoridad no comunica con claridad el propósito, los alcances y la temporalidad de estos operativos, la ciudadanía llena los vacíos con desconfianza. Sin embargo, también es cierto que los retenes pueden cumplir funciones necesarias: inhibir delitos, verificar mercancías, reforzar operativos específicos. El desafío es que estas acciones se realicen con transparencia, proporcionalidad y respeto. La población no rechaza la seguridad; rechaza el abuso. No cuestiona la ley; cuestiona la arbitrariedad.
QUPE TENDRÍA QUE CAMBIAR.-Hoy, tanto en La Cruz como en Camargo, la conversación pública vuelve a poner sobre la mesa un tema que nunca se ha resuelto del todo: ¿cómo lograr que los retenes sean herramientas de orden y no símbolos de corrupción? La respuesta pasa por protocolos claros, supervisión real, comunicación oportuna y, sobre todo, por un trato digno hacia quienes transitan por las carreteras.
Mientras eso no ocurra, cada nuevo retén será recibido con la misma animadversión de siempre. Y cada operativo, por legítimo que sea, nacerá bajo la sombra de la duda.





