POR LUIS FERNANDO GONZÁLEZ
Hay realidades deportivas que no admiten maquillaje. Mazorqueros está en el último lugar del Estatal 2026 y eso, en Camargo, pesa más que en cualquier otra plaza. No es solo una posición en la tabla: es un mensaje incómodo sobre un equipo que perdió el pulso competitivo y sobre una organización que tuvo que mover piezas antes de que la temporada se le fuera por completo.
La llegada de José Luis “El Gato” García al timón representa ese intento de corregir el rumbo a mitad del camino. Un movimiento necesario, sí, pero también una señal de que el proyecto inicial no estaba funcionando. El nuevo cuerpo técnico reporta un equipo con 6–12, un .333 que explica la urgencia, y una afición que ya no está para discursos: quiere orden, quiere respuestas, quiere béisbol.
“El Gato” no es un desconocido. Su trayectoria habla de oficio, de lectura fina del juego y de carácter. Pero también es cierto que toma un plantel golpeado, con series que se escaparon en momentos clave y con una inercia que no se revierte solo con voluntad. Su reto es mayor: recuperar la confianza, ajustar la estrategia y demostrar que su llegada no es un parche, sino un punto de inflexión.
El último lugar no es culpa exclusiva de nadie, pero sí responsabilidad de todos. De los jugadores que no han logrado sostener ritmo. De la directiva que tardó en reaccionar. Y ahora, también, del nuevo cuerpo técnico que deberá probar que puede cambiar la narrativa antes de que el torneo se cierre.
Camargo no exige milagros. Exige competir. Exige seriedad. Exige que Mazorqueros deje de ser un equipo que “como hace mucho no” aparece en el fondo y vuelva a ser el que incomoda, el que pelea, el que no se resigna.
El sótano es un lugar que duele. Pero también puede ser un punto de partida. Dependerá de si este relevo en el timón se convierte en un cambio real… o en otra página amarga de una temporada que ya no admite más excusas.





