POR: LUIS FERNANDO GONZÁLEZ GUZMÁN
El próximo miércoles, último día de septiembre, la presa La Boquilla cerrará sus compuertas y con ello llegará a su fin el ciclo agrícola 2026, iniciado el pasado 14 de marzo.
Pero esta vez el cierre tendrá un sabor distinto.
Cuando parecía que el embalse terminaría el ciclo prácticamente entregado a la inevitable pérdida de almacenamiento, las lluvias asociadas al huracán Polo cambiaron, al menos momentáneamente, el panorama.
En apenas tres días, La Boquilla recuperó 70 centímetros de nivel y 31.32 millones de metros cúbicos, suficientes para avanzar del 21.42 al 22.13 por ciento de su capacidad.
No es, desde luego, una recuperación que resuelva el problema de fondo. Tampoco alcanza para echar las campanas al vuelo. Pero sí representa un respiro para una presa cuya condición seguimos prácticamente centímetro a centímetro porque de ella depende buena parte de la actividad agrícola y económica de nuestra región.
Todo apunta a que será alrededor de ese 22 por ciento donde quede finalmente el embalse una vez cerradas las compuertas.
Sin embargo, todavía queda una pequeña ventana abierta.
Don Rafael Betance Chávez, monitor voluntario y permanente observador del comportamiento de La Boquilla, considera que las aportaciones podrían continuar hasta el 5 de noviembre, fecha que marca como tope de la temporada de huracanes en el país.
Y entre porcentajes, millones de metros cúbicos, centímetros recuperados y pronósticos apareció también otro elemento, uno que pertenece menos a las estadísticas y mucho más a la esperanza.
El pasado viernes se celebró una misa para pedir por las lluvias.
Según relata Don Rafael, fue la convocatoria de este tipo que reunió al mayor número de feligreses en los últimos encuentros.
Cada uno podrá interpretar desde sus propias convicciones lo ocurrido después.
Lo cierto, medible y comprobable, es que llovió, que La Boquilla recibió aportaciones importantes y que llega al cierre de septiembre en mejores condiciones que apenas unos días atrás.
Ahora se cierran las compuertas.
Y nuevamente, como tantas veces en la historia de esta región, tocará esperar.
Esperar mirando al cielo.





