Produciría Jiménez más nueces con menos agua a través del método Valdés originado en Coahuila

La técnica propone reducir la densidad de árboles, disminuir el riego y mantener rendimientos de hasta 2.3 toneladas por hectárea

JIMÉNEZ.- Pasar de consumir hasta 9 mil litros de agua para producir un kilo de nuez a sólo requerir 2 mil litros parece un objetivo difícil de alcanzar en Jiménez que es considerada una regiones nogaleras más importantes del país. Sin embargo, el denominado Método Valdés plantea ese ahorro al proponer huertas con menor número de árboles y volúmenes de riego, así como una gestión más eficiente del recurso hídrico que permite gastar un 75% menos. De acuerdo con el investigador Gerardo García-Nevárez del INIFAP esta técnica que es tendencia en Coahuila ha comenzado a llamar la atención de los productores locales ya que podría ayudarles a reducir pérdidas económicas en tiempos de sequía.

Reducir hasta un 70% el consumo de agua, mantener prácticamente la misma producción de nuez y, para lograrlo, tomar una decisión que para muchos productores resulta tan dolorosa como necesaria: cortar árboles que durante 30, 40 o hasta 50 años han formado parte de la historia familiar de las nogaleras de Chihuahua. En medio de una crisis hídrica que ha comenzado a secar presas, restringir ciclos de riego y poner al límite a cientos de huertas, el Método Valdés plantea una escena que hace apenas unos años habría parecido impensable: motosierras entrando a los nogales no para acabar con ellos, sino para intentar salvarlos. De acuerdo con Gerardo García Nevárez, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) la propuesta es contundente. Pasar de huertas con 69, 100 o hasta 200 árboles por hectárea a solamente 35, y convertir la supervivencia de la nogalera en una elección difícil: sacrificar parte del bosque cultivado o correr el riesgo de perderlo todo.

Más que una inversión, nogales de más de 30 años son una herencia familiar
La idea provoca incomodidad desde el primer momento. Para muchos nogaleros de Chihuahua, un nogal no es solamente un árbol. Es una inversión de décadas, una herencia familiar, un legado construido por padres y abuelos. Existen huertas cuyos árboles superan los 30 años de edad y que han pasado por dos o incluso tres generaciones de productores. Por ello, cuando se plantea la posibilidad de retirar decenas de árboles por hectárea, la primera reacción suele ser el rechazo.

Sin embargo, la realidad del agua en Chihuahua está obligando a replantear muchas de las prácticas agrícolas que durante décadas parecían inamovibles. La reducción de escurrimientos, los bajos niveles de las presas, los ciclos restringidos de riego y la sobreexplotación de los acuíferos han comenzado a mostrar sus efectos en una de las actividades agrícolas más importantes del estado. Hay huertas que ya no alcanzan ni siquiera el 50% de su capacidad productiva debido al estrés hídrico acumulado en los últimos años.

Método Valdés: producir más con menos árboles
García Nevárez explicó que el Método Valdés fue desarrollado por el ingeniero José María Valdés en Derramadero, Coahuila. Más que un sistema de riego, se trata de un modelo integral de manejo agrícola que parte de una premisa aparentemente contradictoria: producir más con menos árboles.

El entrevistado explica que mientras las plantaciones tradicionales de nogal en Chihuahua suelen establecerse a una densidad de 69 árboles por hectárea, bajo esquemas de 12 por 12 metros, y las huertas más recientes pueden alcanzar más de 100 o incluso 200 árboles por hectárea, el Método Valdés propone trabajar con apenas 35 árboles distribuidos en la misma superficie.

La lógica detrás del sistema es sencilla, aunque rompe con décadas de tradición. Cuando existen demasiados árboles en una hectárea, éstos compiten entre sí por agua, nutrientes, luz solar y espacio para desarrollar sus copas. A medida que crecen, la competencia aumenta y la productividad individual disminuye. En cambio, cuando la densidad es baja, cada nogal dispone de un espacio mucho mayor para expandirse.

El resultado son árboles de gran porte, con copas amplias y una enorme capacidad para captar radiación solar. Esa disponibilidad de luz favorece la emisión de brotes productivos y aumenta la capacidad fotosintética del árbol. En otras palabras, un nogal puede llegar a producir lo que normalmente generarían dos o incluso tres árboles establecidos en sistemas convencionales.

Los resultados obtenidos en Coahuila han llamado la atención de investigadores y productores. De acuerdo con los registros documentados durante más de una década, las huertas manejadas bajo este esquema alcanzan rendimientos promedio de 2.3 toneladas de nuez por hectárea. Lo sorprendente es que esa cifra es prácticamente igual al potencial productivo que presentan las huertas convencionales bien manejadas en Chihuahua.

Método Valdés reduce drásticamente la demanda hídrica en los ciclos agrícolas
La diferencia radica en el agua utilizada para lograr esos resultados. Mientras una nogalera tradicional requiere enormes volúmenes de riego para sostener una alta densidad de árboles, el Método Valdés reduce drásticamente la demanda hídrica. El ahorro puede alcanzar cerca del 70% respecto a los sistemas convencionales.

En este sentido, el investigador García Nevárez dijo que para entender la magnitud del dato, basta revisar el concepto de lámina de riego. En Chihuahua, una huerta nogalera suele trabajar con láminas de entre 1.2 y 1.4 metros. Bajo el esquema Valdés, esa necesidad puede reducirse a aproximadamente 50 centímetros. Considerando que cada 10 centímetros de lámina equivalen a mil metros cúbicos de agua por hectárea, la diferencia representa miles de metros cúbicos ahorrados cada ciclo agrícola.

Pero el ahorro no depende únicamente de tener menos árboles, sentenció el investigador. El sistema incorpora además un esquema de riego localizado donde el agua y los fertilizantes se aplican directamente en la zona de mayor concentración de raíces. Mediante líneas de goteo estratégicamente colocadas bajo la copa del árbol, los recursos llegan exactamente donde la planta los necesita, reduciendo pérdidas y aumentando la eficiencia.

A ello se suma un manejo agronómico intensivo que incluye poda, fertilización balanceada y control oportuno de plagas y enfermedades. El especialista considera que la poda es uno de los factores más importantes del sistema, ya que permite abrir espacios dentro de la copa para mejorar la entrada de luz solar y estimular la formación de estructuras productivas.

El principal obstáculo del Método Valdés es el vínculo entre productores y sus árboles
Sin embargo, toda la teoría termina chocando contra una realidad emocional que no aparece en los manuales técnicos. El principal obstáculo para adoptar el Método Valdés no es la tecnología ni la inversión económica. Es el vínculo que existe entre el productor y sus árboles.

Muchos nogaleros observan sus huertas y ven décadas de trabajo acumulado. Recuerdan cuándo plantaron cada árbol, las primeras cosechas, los años buenos y los años difíciles. La sola idea de cortar árboles sanos resulta casi impensable. Para algunos representa una pérdida patrimonial; para otros, una especie de derrota personal.

Pero la pregunta que empieza a surgir con fuerza en las regiones productoras es otra: ¿qué ocurre si no se hace nada?
El investigador advierte que la sequía ya está provocando el colapso gradual de algunas huertas. Existen predios que dependían exclusivamente del agua almacenada en presas y que, ante la falta de disponibilidad, apenas lograron sobrevivir con lluvias aisladas o riegos mínimos. La reducción de producción observada en los últimos años es una señal de alerta que difícilmente puede ignorarse.

Desde esa perspectiva, la discusión deja de ser cuántos árboles deben retirarse y se transforma en una decisión de supervivencia. La alternativa podría resumirse en una frase contundente: perder una parte de la nogalera para salvar el resto o arriesgarse a perderla completa.

Eso fue precisamente lo que hizo José María Valdés en Coahuila. No redujo la superficie cultivada. Conservó las mismas hectáreas, pero disminuyó significativamente la cantidad de árboles por unidad de superficie. Al reducir la competencia entre ellos logró que los nogales restantes incrementaran su productividad y que el agua disponible alcanzara para sostener la huerta.

La propuesta comienza a encontrar eco en Chihuahua y más aún en la región Centro-Sur. De acuerdo a García Nevárez, aunque la adopción todavía es limitada, ya existen huertas comerciales en municipios como Saucillo, Rosales, Meoqui y la región de Conchos donde se han implementado componentes del sistema. Algunos productores han optado por adoptar únicamente el esquema de riego localizado; otros han comenzado a modificar gradualmente la densidad de plantación.

Paralelamente, el investigador Gerardo García del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias ha desarrollado durante tres años trabajos de validación en condiciones locales. Los resultados observados hasta ahora coinciden con la experiencia acumulada en Coahuila y confirman la viabilidad técnica del sistema.

La duda sigue en pie: ¿Cuánto tiempo podrá sostenerse el modelo tradicional ante la creciente escasez de agua?
La gran incógnita sigue siendo cuánto tiempo podrá sostenerse el modelo tradicional en un contexto de creciente escasez de agua. Nadie tiene una respuesta definitiva. Lo que sí parece claro es que el nogal del futuro tendrá que aprender a producir con menos agua.

Y quizá ahí radique la verdadera importancia del Método Valdés. No se trata únicamente de una innovación agrícola ni de una nueva estrategia de riego. Representa un cambio profundo en la forma de entender la producción nogalera en el norte de México. Un cambio que obliga a los productores a cuestionar prácticas históricas y a tomar decisiones que hace apenas unos años parecían impensables.

Mientras el sol cae sobre las nogaleras del centro-sur de Chihuahua y las sombras de los árboles centenarios se alargan sobre la tierra reseca, la discusión deja de ser técnica para convertirse en profundamente humana. Detrás de cada nogal hay décadas de trabajo, recuerdos familiares, cosechas que marcaron generaciones y la esperanza de quienes heredarán esas tierras. Por eso, la sola idea de cortar un árbol provoca resistencia. Sin embargo, la sequía no entiende de nostalgias ni de afectos. Cada año los acuíferos descienden, las presas almacenan menos agua y las huertas enfrentan un futuro más incierto. El Método Valdés pone sobre la mesa una decisión dolorosa, pero también una posibilidad de supervivencia. En los próximos años, los productores tendrán que elegir entre conservar intacta la imagen de sus nogaleras o transformarlas para que sigan vivas.

 


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