MÉXICO.- En municipios del sur de Zacatecas, propietarios de tiendas de abarrotes están expuestos a que en cualquier momento personas instalen en sus locales máquinas tragamonedas que manejan grupos criminales, en una nueva modalidad de extorsión.
EL UNIVERSAL tuvo acceso a testimonios de comerciantes de abarrotes —cuya identidad se protege por motivos de seguridad.
En un caso, personas llegaron a su tienda a llevarle una “maquinita”. El hombre dice que pensó que se trataba de algún proveedor que quería que contratara ese tipo de máquinas, pero fue cuando le dijeron que se la iban a dejar y después ellos pasarían por el dinero que se debía juntar, que se dio cuenta que no le estaban preguntando.
Señala que en ese momento entendió que se trataba de integrantes del crimen organizado y no hizo más preguntas. Dejó que pasara el tiempo, pero desde entonces dejó de sentirse tranquilo.
Señala que los “los hombres malos” podían ir a recoger el dinero en cualquier momento, incluso, cuando ya había cerrado la tienda, por lo que debía ir a abrirles. Ante la presión y por las recomendaciones de su familia, decidió mejor cerrar su negocio.
Zacatecas.— En municipios del sur de Zacatecas, propietarios de tiendas de abarrotes están expuestos a que en cualquier momento personas instalen en sus locales máquinas tragamonedas que manejan grupos criminales, en una nueva modalidad de extorsión.
EL UNIVERSAL tuvo acceso a testimonios de comerciantes de abarrotes —cuya identidad se protege por motivos de seguridad.
En un caso, personas llegaron a su tienda a llevarle una “maquinita”. El hombre dice que pensó que se trataba de algún proveedor que quería que contratara ese tipo de máquinas, pero fue cuando le dijeron que se la iban a dejar y después ellos pasarían por el dinero que se debía juntar, que se dio cuenta que no le estaban preguntando.
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Operativo en Tabasco, Zacatecas, tras un ataque registrado el fin de semana contra militares y Policía de Investigación de la entidad. Foto: Omar Hernández / EL UNIVERSAL
Operativo en Tabasco, Zacatecas, tras un ataque registrado el fin de semana contra militares y Policía de Investigación de la entidad. Foto: Omar Hernández / EL UNIVERSAL
Señala que en ese momento entendió que se trataba de integrantes del crimen organizado y no hizo más preguntas. Dejó que pasara el tiempo, pero desde entonces dejó de sentirse tranquilo.
Señala que los “los hombres malos” podían ir a recoger el dinero en cualquier momento, incluso, cuando ya había cerrado la tienda, por lo que debía ir a abrirles. Ante la presión y por las recomendaciones de su familia, decidió mejor cerrar su negocio.
En esa misma región, otro comerciante consideró buena idea ir a Guadalajara a comprar unas tragamonedas para ponerlas en su negocio. “Creo que nadie o mucha gente, no sabemos que eso es un delito federal”, reconoce.
Un día, hombres de un grupo delictivo le dijeron que le iban a confiscar las máquinas, pero no puso resistencia.
Refiere que la novedad no es la existencia de las maquinitas, porque desde hace décadas están en las tienditas, la novedad es que el crimen las use para su beneficio y para extorsionar a los pequeños comerciantes.
“La verdad, no sabíamos que tener y operar maquinitas era un delito, porque muchos llegamos a ir a jugar a las maquinitas; eso era y es como una diversión, pero creo que los tiempos han cambiado”, lamenta el comerciante.





