MÉXICO.-
“Bendito sea Dios… ¡y ahora nos pagan!”, gritó feliz un cortador de aguacates después de varios días sin trabajar. En minutos, Francisco Isidro estaba lanzando una soga a un árbol de unos seis metros y trepando por ella. Al cuarto de hora, ya había llenado una caja de aguacates con destino a Estados Unidos.
Ocho días después de la suspensión temporal de las exportaciones de aguacate desde el estado occidental de Michoacán hacia ese país y del despliegue de más tropas en la región, las autoridades estadounidenses levantaron por completo la alerta de seguridad que motivó el paro y para el fin de semana, las huertas ya recuperaban su actividad, las empacadoras trabajaban a toda máquina y los inspectores agrícolas volvían a certificar la fruta para asegurar que no tenían plagas antes de cruzar la frontera.
En Michoacán, principal productor de aguacates de México y una región donde operan cuatro cárteles designados como terroristas por el gobierno de Donald Trump, unos estaban contentos por recuperar sus jornales diarios; otros esperanzados ante la posibilidad de que baje la violencia y las extorsiones, y algunos temían que la tranquilidad solo fuera pasajera.
“Vamos a estar seguros un rato hasta ver qué más ocurre”, comentaba Valentín Rodríguez, un empresario veterano del sector.
Muchas amenazas posibles en un estado violento
La alerta estadounidense agarró a Isidro subido a un árbol de una huerta de Santa Ana Zirosto, una zona de cerros bajos y verdes de alta actividad delictiva al oeste del estado. No hubo explicaciones, solo el grito del capataz para que pararan el corte.





