La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, endureció el domingo su posición frente a Washington al criticar los procesos por narcotráfico que iniciaron las autoridades estadounidenses contra 10 funcionarios mexicanos, algunos de ellos miembros del partido gobernante, y afirmó que cuando se interviene en asuntos internos “ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia”.
Un mes después de que se dieron a conocer las acusaciones contra el gobernador del estado de Sinaloa, Rubén Rocha, y otros nueve funcionarios, Sheinbaum asumió una postura más frontal y aprovechó un evento ante decenas de miles de seguidores en el centro de la capital mexicana para insinuar que el objetivo de ese proceso sería el de afectar los comicios regionales y legislativos del 2027.
“Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no. Cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera. Cuando se normaliza la idea de que otro país puede intervenir en asuntos que sólo corresponden a los mexicanos, ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia”, expresó la mandataria ante una multitud que se concentró en el emblemático Monumento a la Revolución para escuchar su mensaje al país a casi dos años de su victoria electoral del 2 de junio del 2024.
La fiscalía de Nueva York acusó en abril a Rocha Moya, al alcalde de la capital de Sinaloa, Juan de Dios Gámez, y a otros ocho funcionarios activos y retirados de cooperar con el Cártel de Sinaloa, solicitando su detención preventiva con fines de extradición.
La Fiscalía General de México supeditó las detenciones de los 10 funcionarios a que Estados Unidos entregue evidencias que respalden las acusaciones y abrió una investigación que no ha tenido mayores avances.
En medio de ese proceso, Rocha Moya y Gámez —ambos militantes del partido gobernante Morena— se separaron temporalmente de sus cargos para facilitar la investigación, mientras que los exsecretarios de Seguridad y de Finanzas del gobierno del estado, Gerardo Mérida y Enrique Díaz, se entregaron a las autoridades estadunidenses a mediados de este mes.
Dudas e injerencia
Al insistir en que no había pruebas contra Rocha Moya y los demás funcionarios, Sheinbaum señaló que era “legítimo dudar del verdadero interés de los juicios de extradición”, y añadió que este tipo de acciones no tenía precedentes en las relaciones entre Estados Unidos y México.
“Primero vienen por unos, luego por otros, hasta que las oficinas de justicia se vuelven el principal elector de México. Eso no lo podemos permitir”, comentó la mandataria, y dijo en tono desafiante: “México, que se oiga claro y que se oiga fuerte, no acepta injerencias”.
Al abundar sobre los intereses que podrían estar detrás de este proceso judicial, Sheinbaum le preguntó a los asistentes “¿es realmente interés legítimo, genuino, por ayudar a México?”, y agregó “¿o quizá estamos viendo como sectores de la derecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026, o acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país?”.





