SINALOA.- Los enfrentamientos armados en Culiacán nacieron como respuesta del Cártel de Sinaloa cuando su líder, El Mayo Zambada, se enteró de que iría el Ejército por Ovidio Guzmán.
El periodista Salvador García Soto escribió en su columna para El Universal que la filtración de información de la captura de Ovidio Guzmán “enloqueció al Mayo y desató la guerra en Culiacán”.
Asegura el periodista que Ismael “El Mayo” Zambada, quien -según informes de autoridades en Estados Unidos- es el líder del Cártel de Sinaloa tras la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
La reacción del cártel fue “en contra de su costumbre”, pues le declararon la guerra al Gobierno Federal y sacaron “todo su poderío de fuego a las calles de Culiacán el pasado jueves 17”.
Todo ocurrió por una filtración que salió desde el gabinete de seguridad, continúa García Soto, quien menciona fuentes federales.
“Desde la oficina de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, que encabeza Alfonso Durazo Montaño, se filtró información de que una célula del Ejército había capturado a Ovidio Guzmán, incluso antes de que los militares extrajeran de la capital de Sinaloa al presunto narcotraficante”.
La orden para los “sicarios” del grupo criminal fue “evitar ‘a cualquier precio’” que extraditaran a Ovidio Guzmán.
Los miembros del grupo armado recibieron la instrucción de tomar las unidades habitacionales “donde vivían militares destacamentados en Culiacán y amenazar con tener como rehenes a familias -mujeres y niños incluidos-, y que empezarían a matar uno por uno de los familias de los oficiales” del Ejército hasta que liberaran al hijo del Chapo.
La amenaza y la ejecución grabada de uno de los militares por parte de los sicarios del Cártel llevó al presidente Andrés Manuel López Obrador y al secretario de Defensa, Luis Crescencio Sandoval; y a Luis Rodríguez Bucio, jefe de la Guardia Nacional; a dar la orden a los soldados que ocultos resguardaban a Ovidio Guzmán de liberar al detenido “para evitar más muertes”.
El operativo, en total sigilo.
Destaca Salvador García que el operativo para detener a Ovidio lo organizó totalmente la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena), con fines de extradición de Estados Unidos.
El diseño de esta operación era en “total sigilo” y sin informar detalles ni tiempos al presidente de México ni a las demás dependencias del gabinete de seguridad.
La operación debía ser “quirúrgica y de bajo perfil” para evitar -precisamente- la reacción del Cártel de Sinaloa.
Pero no esperaban que al enterarse desde el gabinete de seguridad filtraran la información “por personajes que pretendían adjudicarse el mérito de la detención y colgarse una medalla que no les correspondía, pero además lo hicieron antes de tiempo”, dijo la fuente federal que citó el columnista.
Además en su subtítulo manifestó Salvador García que “Sedena dirigió el operativo y Durazo quiso colgarse la medalla”.
Por rumores ya había grupos de armados en las calles de Culiacán, pero el Ejército tenía aún el control antes del operativo para enviar helicópteros que sacarían de la ciudad a Ovidio Guzmán para llevarlo a Ciudad de México y de ahí extraditarlo a Estados Unidos.
Afirmó el periodista que “en el momento que al Mayo Zambada le avisaron de la intención de extraditarlo, la ofensiva escaló en armamento y en número, hasta el grado de amenazar con matar a mujeres, niños y soldados capturados”.
Esa vez hasta el cártel que se declara “institucional” rompió “sus propios códigos”, en la “capital del estado de donde son originarios, donde viven y conviven, y se mueven sus familias”.