POR LUIS FERNANDO GONZÁLEZ GUZMÁN
La política tiene tiempos para pelear y tiempos para reconciliarse. O, cuando menos, para volver a aparecer juntos en la fotografía.
La imagen que acompaña esta reflexión fue tomada apenas ayer, durante un evento del Instituto de la Mujer realizado en el patio central de la Presidencia Municipal. En ella aparecen María Eugenia Becerra y Jorge Aldana muy próximos, tomados del brazo y compartiendo un momento distendido.
Por sí misma, la escena podría no significar nada más que cordialidad entre dos servidores públicos coincidiendo en un acto institucional. Pero en política, y particularmente después de una confrontación tan prolongada, las fotografías también generan lecturas. Porque entre la síndica municipal y el alcalde no ha habido precisamente una historia reciente de tersura.
Desde prácticamente el inicio de la administración que comenzó en 2024, con Jorge Aldana en un segundo periodo al frente de la alcaldía y María Eugenia Becerra llegando a la Sindicatura, las diferencias se convirtieron en una constante.
La confrontación llegó bastante más lejos que el intercambio de declaraciones. En diciembre de 2025, Becerra acusó públicamente obstáculos para realizar sus funciones, falta de información, disminución del presupuesto de la Sindicatura y exclusión de determinados procesos administrativos. El PRI respaldó entonces la presentación de una denuncia por presunta violencia política debido a género.
Es decir, no hablamos de una diferencia menor que pueda borrarse simplemente con una fotografía.
Del otro lado también han existido respuestas políticas y una confrontación pública que fue aumentando de intensidad. Durante meses, la relación entre ambos pareció caminar en una sola dirección: el distanciamiento. Por eso llama la atención la fotografía. No porque una sonrisa o un brazo entrelazado signifiquen necesariamente que las diferencias quedaron atrás. Sería excesivo afirmarlo. Pero sí porque aparece justo cuando comienza a asomarse nuevamente el tiempo electoral y, con él, ese viejo ejercicio de las matemáticas políticas. PAN y PRI conocen bien esa aritmética.
Y María Eugenia Becerra también tendrá que hacer sus propias cuentas. Una cosa es la confrontación desde la Sindicatura y otra muy distinta construir una ruta electoral con posibilidades reales. Jorge Aldana, por su parte, tampoco parece encontrarse en edad política de pensar en el retiro. Por el contrario, todo indica que todavía tiene camino y aspiraciones por delante. Entonces aparece una pregunta inevitable:
¿Cuánto pesan las diferencias cuando comienza a pesar más la necesidad de conservar espacios de poder?
Camargo ya ha visto escenas parecidas.
Todavía permanece en la memoria aquella fotografía política de Jorge Aldana y Arturo Zubía, adversarios durante años, apareciendo juntos y respaldándose cuando las circunstancias partidistas hicieron conveniente enterrar, aunque fuera momentáneamente, el hacha de guerra.
Ahora la historia podría comenzar a adquirir otros protagonistas.
María Eugenia Becerra, Jorge Aldana y Arturo Zubía han protagonizado desencuentros, señalamientos y confrontaciones que en distintos momentos parecían irreconciliables. Cada cual desde su posición ha llevado sus diferencias hasta donde la política local permite llevarlas.
Pero existe una realidad todavía más grande que las tres figuras.
El PRI ya no posee el peso electoral que tuvo durante décadas y el PAN enfrenta un escenario muy distinto en una tierra que durante años fue considerada un bastión azul. En esas condiciones, quizá llegue nuevamente el momento de descubrir que aquello que separaba parecía enorme cuando faltaban años para votar, pero comienza a hacerse pequeño cuando las urnas aparecen en el horizonte. Eso explicaría muchas cosas. Aunque todavía no explica la fotografía.
La imagen únicamente acredita un instante de cercanía física y gestos distendidos entre dos protagonistas de una relación política marcada públicamente por el conflicto. A partir de ahí, cualquier reconciliación o acuerdo pertenece todavía al terreno de la interpretación. Y precisamente ahí está lo interesante. Porque quizá no haya ocurrido absolutamente nada.
O quizá, simplemente, ya comenzó el tiempo en que conservar pesa más que cualquier bronca.





