POR.-Luis Fernando González Guzmán
PAN Y MORENA, ESPEJOS UNO DEL OTRO.-En Camargo, la disputa entre PAN y MORENA ha dejado de ser un intercambio de propuestas para convertirse en un ejercicio de narrativas. Cada partido parece haber encontrado en el otro no sólo a su adversario, sino a su principal insumo discursivo. Lo que uno publica, el otro lo replica; lo que uno presume, el otro lo revierte. Es un juego de espejos donde la identidad política se construye a partir de la negación del contrario.
PAN: LOS NÚMEROS; MORENA: LAS CAUSAS.-El PAN ha optado por una estrategia territorial. Sus mensajes giran en torno a la idea de que Camargo es un espacio que debe defenderse, un lugar donde la presencia del adversario debe ser minimizada. De ahí la insistencia en medir convocatorias, contabilizar sillas, comparar llenos y vacíos. La asistencia se convierte en un termómetro moral: quien no llena, no convence; quien no convoca, no pertenece. Es una narrativa que busca reforzar continuidad y arraigo.
MORENA, en cambio, ha elegido una estrategia de legitimidad. Sus mensajes no se enfocan en el territorio, sino en la intención. No discuten cuántos fueron, sino por qué fueron. No cuestionan la capacidad de convocatoria del PAN, sino el propósito de esa convocatoria. En su narrativa, el adversario no sólo se equivoca: se desconecta del sentir social. Es un discurso que intenta colocar al PAN en el lado equivocado del momento político.
FIJAR IMÁGENES Y EMOCIONES, EL OBJETIVO.-Ambas estrategias comparten un rasgo: no dialogan entre sí. El PAN habla de números; MORENA habla de causas. El PAN defiende un espacio; MORENA disputa un significado. El PAN busca mostrar fuerza; MORENA busca mostrar desgaste. Y en ese cruce, la conversación pública se llena de imágenes que no explican, sino que compiten por fijar una percepción.
Lo que ocurre en Camargo no es distinto a lo que sucede en otros municipios, pero aquí se vuelve más evidente: la política se libra en el terreno simbólico. Los eventos ya no son actos, sino fotografías. Las fotografías ya no son recuerdos, sino argumentos. Y los argumentos ya no buscan convencer, sino instalar una emoción.
¿QUIÉN TIENE LA FÓRMULA QUE GANA VOTOS?.-La pregunta, al final, no es quién llena más o quién falla menos. La pregunta es cuál de estas narrativas logrará conectar con la experiencia cotidiana de la gente, esa que no aparece en los banners, pero que define el rumbo de cualquier comunidad.





